Preguntas sobre volcanes que la ciencia aún no puede responder

Preguntas sobre volcanes que la ciencia aún no puede responder
Antonio M. Álvarez Valero, Universidad de Salamanca

Vivir en las laderas de un volcán es obviamente un riesgo muy grande. Los habitantes de las zonas afectadas por coladas de lava y piroclastos de la espectacular erupción de la hermosa isla de Palma experimentan la pérdida de sus hogares en el dolor.

Con eso en mente, la ciencia debe echar una mano. Mano informativa. Porque la ciencia sólo puede esforzarse por comprender, por explicar los procesos de la naturaleza, porque no puede detenerla; ni un sistema volcánico como este, ni la dinámica atmosférica de un tifón, ni la dinámica de la litosfera, que acerca y aleja ciertas placas tectónicas. Siempre podemos aprender y comprender para responder mejor, pero nunca nos detenemos.

Explica el sarpullido

Hay poco que agregar a todo lo mencionado y descripciones hasta el momento del brote. Los técnicos y científicos explicaron muchas cosas en las primeras entrevistas en barco (algunas sobre el terreno). También intentaron participar en este frente de información, con cualquier nivel de conocimiento, desde la difusión a los escolares (qué es un volcán, cuál es la diferencia entre magma y lava) hasta los detalles científicos más avanzados (composición química, mecanismos de desgasificación, satélites). imaginería, actividades de observación …). Pero todo esto no parece ayudar tanto como sea necesario.

La erupción, por definición, en Geología varía de efusiva a levemente explosiva, ya que el magma que la alimenta es de composición básica, es decir, baja en sílice y poco viscosa, y por lo tanto una liberación de lava líquida. Este magma formulado químicamente puede promover erupciones de tipo estromboliano como la de La Palma o erupciones de tipo hawaiano, todas las cuales se reconocen como «grifos abiertos» de lava de flujo rápido en las islas hawaianas.

Los estrombolianos son solo más explosivos que los hawaianos y son capaces de fragmentar y esparcir material repelente y tienen alturas de columna de erupción ligeramente más altas. Estos están lejos de la capacidad explosiva de las erupciones volcánicas, plinio o de tipo peleano, como la lava viscosa y las erupciones muy violentas (por ejemplo, Vesubio, Santa Helena, Pinatubo, etc.). O incluso erupciones hidromagnéticas en las que la interacción agua-magma puede provocar erupciones muy explosivas.

De hecho, si La Palma fuera una isla deshabitada, simplemente disfrutaríamos (ciencia y turismo) de las maravillas que nos regala la naturaleza a veces: una erupción volcánica “tranquila” a la mano (o una selfie). Sin embargo, debido a que la vida humana está en peligro, esta información y detalles brindan poco consuelo y no satisfacen la curiosidad (¿necesidad?) De la sociedad sobre cuándo, en qué día, el volcán finalmente dejará de rugir.

La explicación científica del experto busca dotar a la sociedad de los conocimientos suficientes para encontrar el equilibrio entre la vigilancia y la calma suficiente para responder con eficacia, conociendo un escenario tan específico (estamos hablando de un volcán que afecta a asentamientos poblados).

Preguntas sin respuesta

Desafortunadamente, la ciencia aún no tiene respuesta a dos preguntas clave en vulcanología:

  • cuándo y cómo se ceba la cámara del núcleo a una profundidad que genera y alimenta la erupción en la superficie,

  • y en qué momento cesa la actividad eruptiva, especialmente de material sólido.

Para la primera pregunta, la ciencia tiene los detalles estudiados en erupciones anteriores, así como herramientas de vigilancia que funcionaron a la perfección en el caso de La Palma para advertir a la población del nerviosismo del volcán.

La deformación (convexidad) de hasta 15 cm de suelo y un terremoto de ocho días llevaron a la erupción. Debemos reconocer honesta y humildemente que no sabíamos si habría un terremoto de 4, 15 o 40 cm y 5, 8 o 100 días antes de la erupción. Aquí es donde todos los equipos de investigación de todo el mundo deben continuar con nuestros esfuerzos científicos.

Como ejemplo de cerca, la contribución del Departamento de Geología de la Universidad de Salamanca, el IEO y el GEO3BCN-CSIC a esta deseada predicción se centra en la llegada de la señal geofísica (terremotos y deformaciones) y la comparación de la señal geoquímica. (liberación de gas del manto cuando la cámara de magma se desestabiliza antes de que la erupción ya esté en curso). En el caso de Tagoro (Isla de El Hierro) en 2011, comprobamos cómo el marcador geoquímico advirtió a la geofísica antes de la llegada de la última erupción (submarina) de la nación insular.

En segundo lugar, no es necesario ser científico para asumir que la actividad volcánica termina cuando el depósito mágico se vacía lo suficiente como para relajar la presión interna que lo desestabiliza. Y la ciencia aún tiene que predecir este punto de control.

LOS una parada exacta en el lanzamiento de lava de lo que sucedió ayer en La Palma puede indicar el comienzo del final de una erupción o el comienzo del final de un pulso de erupción en espera de la llegada de uno nuevo.

A partir de ahora, la primera emergencia será la implicación de las familias implicadas y la mayor indemnización posible. Posteriormente, cuando el material se haya enfriado un poco, leemos atentamente la información que nos ha escrito el interior del planeta en el material expulsado por la erupción.

Las rocas (piroclastos y lava solidificada) y sus componentes (incluidos minerales y volátiles) son testigos de lo que sucedió antes y durante la erupción. Estudiándolos, podemos comprender mejor el proceso de erupción bajo La Palma para que la ciencia pueda avanzar y acercarse a limitar mejor las circunstancias de la próxima erupción, conscientes de que el hombre o la ciencia no podrán llegar a detenerla. La naturaleza inexpugnable.

Cuando todo esto termine, tendremos más herramientas de conocimiento para afrontar la próxima erupción, en general y en La Palma en particular: un paisaje así como un mapa topográfico-geológico, nuevo o modificado, pero igual de bello.La conversación

Antonio M. Álvarez Valero, Departamento de Geología (catedrático), Universidad de Salamanca

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Lea el original.

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